Por qué el rigor técnico sin empatía es una segunda condena.
El ejercicio del derecho penal nos enfrenta constantemente a una paradoja: exigimos que el relato de la víctima sea coherente y preciso, cuando la naturaleza del trauma es, por definición, fragmentaria. Tras trece años recorriendo los tribunales y ahora profundizando en la defensa especializada en la Escuela Nacional del Ministerio Público, me detengo a reflexionar sobre la responsabilidad que cargamos al investigar un delito.
A veces, el proceso legal se siente como caminar bajo un aguacero torrencial sin refugio. Lo viví recientemente en Moca con mis hijos: la lluvia nos empapó, la visibilidad era nula y el camino parecía borrarse. Esa misma desorientación es la que enfrenta una víctima cuando entra al sistema judicial. En ese momento de crisis, la prioridad no era solo llegar al destino, sino mantener la calma y la dirección para los que venían conmigo. Así es la representación legal: debemos ser el soporte técnico que permite a la víctima transitar la tormenta sin perder su identidad.
En mis recientes sesiones con la Magistrada Luisa Liranzo, analizábamos cómo la investigación criminal debe mutar hacia una Debida Diligencia centrada en la dignidad humana. No se trata solo de qué ocurrió, sino de entender a quién le ocurrió.
Fenómenos como el Gaslighting o la amnesia traumática no son solo conceptos clínicos; son desafíos procesales. Cuando un agresor ha trabajado sistemáticamente para que una persona dude de su propia realidad, la víctima llega al proceso con su "brújula interna" averiada. Si el sistema legal interpreta esta confusión como falta de credibilidad, estamos ante una victimización secundaria que lesiona tanto como el delito original.
La investigación científica e interdisciplinar es la única vía para que el proceso penal cumpla su fin último: el restablecimiento de la paz social. Mi compromiso, y el de nuestra gestión en comunidades como Constanza, es elevar el estándar. La tutela judicial efectiva no es un concepto formal; es el derecho de cada ciudadano a que su verdad sea investigada con la profundidad que su dignidad merece.
Solo cuando comprendemos que la víctima es un sujeto de derechos con necesidades de reparación integral, y no un simple objeto de prueba, es cuando podemos decir que ejercemos un derecho penal humano y realmente efectivo.
¿Consideras que el sistema judicial dominicano está listo para integrar la psicología del trauma en sus investigaciones? Te leo en los comentarios.
